Reflecciones y agradecimientos desde el otro la’o

En mi ponencia del coloquio tuve la oportunidad de reflejar sobre mis experiencias como lesbiana dentro de la academia (y de los baños). Parte central de mi ejercicio fue recordar los viejos tiempos de nuestro grupito de Prisma (y el sin nombre antes de Prisma) y en particular, uno de los incidentes donde me detuvo la guardia universitaria por escribir con tiza en las aceras.

Dentro de la ponencia repartí tiza para que l@s participantes escribieran sus mensajes en las pizarras y al concluir que todo el mundo tuviera su cantito para escribir en las aceras afuera. Bueno, terminé mi intervención y me quedé hablando con gente, intercambiando direcciones de correo electrónico y lo demás.

Cuando iba bajando las escaleras miro a la acera y ví que estaban repletas de mensajes en tiza y bueno, ni tengo que decir que se me salieron las lágrimas. Y se me siguen saliendo.

Recuerdo cuán solitarios fueron los días en que formamos nuestro grupito y cuán desamparados nos sentíamos a veces. Ver a todo el mundo abajo con sus tizas me llenó de una manera indescriptible. La risa, los mensajes, la nena eléctrica con sus mensajes tan bonitos, jamás hubiese pensado que vería eso en el colegio, que pudiese yo ser parte de ese momento.

Parecerá tonto y ya la lluvia se lo borró, pero fue un regalo enorme que me dieron tod@s y no tengo ni como agradecerlo. Las palabras no me dan.

Lo agradezco de la única manera que conozco: siguiendo en la lucha, y continuando en el trabajo diario de hacer justicia y paz. Con o sin reconocimiento.

Pensaba en lo que decía Olga Orraca en su presentación: a veces nos preocupamos demasiado por ser los primeros y al hacerlo no reconocemos que a veces han pasado muchas cosas de lo que no nos hemos enterado o que no ha sido documentado. Y lo otro que dijo que tuvo mucha resonancia es que lo que se queda es el trabajo. Efectivamente. Más de lo que yo pensaba el trabajo que hicimos tuvo efectos, se quedó algo de la semillita que intentamos sembrar en aquellos tiempos.

Recuerdo en mis días de trabajadora social una de las lecciones aprendidas fue que la mayoría de las veces el cambio que se efectúa no se llega a ver. Era una de las cosas gratificantes de trabajar con niños y familias: en los niños los cambios se reflejan más rápido, particularmente dado el caso de que yo entraba en sus hogares regularmente. Me acordaba de eso en mi ponencia. Pensé que todo nuestro esfuerzo había sido olvidado. Saber que persiste algo, que seguimos en el recuerdo me anima mucho.

Este coloquio fue tremendo. Los varios paneles que pude asistir estuvieron buenísimos, el ambiente fue de discusión y de comunidad, hubo un balance de lo académico y lo real, y diversidad de perspectivas y temas. Agradezco mucho la oportunidad de asistir y participar de las actividades.

Fueron tan buenas las sesiones y tan valiosas para tant@s. Me quedé sin ver el documental “Elyibití” y me quedé con las ganas de otros talleres, particularmente el de “A soltarnos el moño” pero no soy amiga de las mañanas y llegué tras que tarde con el moño parao.

Y pues, me tuve que perder el show del martes porque soy responsable y disciplinada (Good little grad student, good grad student!).

En realidad la experiencia fue buenísima y ya he escuchado gente lamentándose de que no fueron. Se lo perdieron.

Gracias a tod@s l@s que tuvieron la visión y el coraje de ver las posibilidades y hacerlas realidad. Cuentan conmigo siempre.

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